Confinamiento en casa con personas con Alzheimer u otras demencias

Confinamiento con personas con Alzheimer


LA IMPORTANCIA DE LAS RUTINAS

 

El día a día de una persona con demencia siempre resulta más llevadero siguiendo unas directrices de simplificación, así como unos horarios y rutinas. En la situación de excepcionalidad que estamos viviendo, el confinamiento en casa conlleva no poder continuar con algunas de las rutinas habituales, como asistir al centro de Estimulación Cognitiva, salir a pasear, visitar a (o recibir visitas de) amigos o familiares, etc.

Por ello, ahora precisamos generar rutinas nuevas, porque el orden del día a día y un cierto mantenimiento de horarios proveerán a la persona enferma de un marco de referencia y, a los cuidadores, de una guía para minimizar el riesgo de verse desbordados.

 

UNA PROPUESTA DE PLANIFICACIÓN DEL DÍA

 

Es importante procurar que la persona con demencia mantenga unos horarios más o menos regulares cada día. No tienen por qué ser exactamente los mismos que en circunstancias normales, pero sí que deben conferir una regularidad para así, tratar de mantener una adecuada alternancia entre sueño y vigilia, para minimizar posibles alteraciones conductuales y alteraciones del sueño.

Proponemos continuación un esquema orientativo de planificación del día que, lógicamente, se puede adaptar a la realidad de cada casa. Lo más relevante es tener un orden y regularidad.

Además de la necesaria higiene contenida en el aseo diario, para minimizar el riesgo de contagio y propagación del coronavirus, es clave intensificar el lavado de manos, particularmente tras un periodo de actividad y siempre tras ir al wc o antes y después de las comidas, pero no de cualquier manera, sino asegurando una higiene de manos eficaz que iremos intercalando entre las rutinas diarias tantas veces como sea necesario.

 

Por la mañana

Levantarse cada día a la misma hora.

Higiene matutina: ir al wc, lavarse las manos y la cara.

Desayuno

Higiene: manos y bucodental.

Actividad cognitiva: siempre adaptada a la capacidad de la persona, desde realizar ejercicios o actividades específicas de que dispongamos, a participar en un juego de mesa o realizar actividades de apoyo en las tareas domésticas: tender, doblar ropa, limpiar verduras, barrer…

Actividad física: realizar algunos ejercicios suaves de estiramiento o de coordinación.

Pequeño tentempié.

Salir un rato al balcón, terraza o, simplemente, asomarse a la ventana para que nos dé un poco el sol y el aire. Se puede aprovechar para hacer juegos estimulantes: denominar lo que se ve, contar farolas, árboles, indicar cosas de un color específico...

Preparar la comida y colaborar en tareas domésticas, como poner la mesa.

Comida

 

Por la tarde

Breve siesta (preferentemente no más de 30 minutos) o rato de descanso: televisión, radio, escuchar música tranquila.

En la medida de lo posible de cada casa, volver a tomar algo de aire y sol.

Un rato de actividad: se pueden retomar tareas de estimulación cognitiva o física. Emplear la música como una forma de estimulación y de promoción de emociones positivas.

Merienda.

Si se tienen plantas, atender su cuidado: regar, quitar hojas secas…

Higiene: baño o ducha.

Actividad física muy suave: estiramientos, por ejemplo. Algo que no active demasiado para favorecer el sueño posterior.

Preparar la cena y poner la mesa. Cenar al menos dos horas antes de acostarse para asegurar que el proceso digestivo no dificulte el sueño.

 

Por la noche

Después de cenar, actividad relajada: ver una serie o algún contenido tranquilo de televisión, escuchar música calmada, ver fotografías…

Asegurar que se ha realizado la higiene bucodental y los preparativos habituales para acostarse.

Recordar la importancia de mantener una regularidad en la hora de acostarse.

 

Por último, pero no por ello menos importante, es crucial recordar que la persona cuidadora también estará sometida a una presión, en muchos casos, superior a la habitual y que debe atender también a su propio cuidado. Por eso, más que nunca, hay que procurar vías de desahogo alternativas, procurar tener pequeños espacios para uno mismo y recurrir a estrategias para manejar la ansiedad.

 

(Fuente: Fundación Pasqual Maragall)